domingo, 8 de marzo de 2015

Isabel Macedo: belleza natural

Considerada una de las mejores y más versátiles actrices de la televisión, dice ser fanática del ocio, el que disfruta con su joven pareja. Admite ser seria y que tiene fama de mala, pero, en busca de paz, procura escapar a lo que dicen los demás.



''Estoy cansada de no hacer nada", dice, y se echa en el sillón simulando un momento de relax. "No sabía cómo era esto y ahora soy fanática. Sí, soy una fanática del ocio", afirma, como si se tratara de un principio al que no piensa abandonar demasiado pronto. "El año pasado fue muy difícil para mí [hace referencia a la muerte de su papá, Antonio], trabajé un montón [fue Laura en Guapas]. Por ahora, no quiero ponerme ninguna presión ni tomar decisiones. Quiero disfrutar de mi familia, de mis amigos, de mis tiempos, de lo que ocurre con Fronteras [la miniserie que emite Telefé]. Es muy esclavo estar todo el día en un canal grabando y fueron muchos años seguidos de eso. Hice cosas divinas, que me encantaron y que me ayudaron a crecer un montón, pero ahora necesito un respiro." Inhala, levanta sus brazos, exhala y se desarma en el sillón de Villa Isidro, un hotel boutique en el casco histórico de San Isidro.

En un instante, como quien tomó energías prestadas, sacude su cabellera en busca de comentarios. "Para esta tapa estreno flequillo. El que yo misma me corté", avisa. La aprobación no se hace esperar y, feliz con los elogios, se anima a develar el secreto: "Viste que cuando dejás a los chicos solos hacen cosas, bueno..., yo también. Me puse frente al espejo y listo. Tenía miedo de pasarme y que me quedara muy rolinga, pero nada que ver, me quedó largo. Chicas, se vienen los flequillos largos", anuncia con alegría y en busca de un nuevo mimo extiende las manos. "Las uñas me las hizo Carla [Peterson, amiga y compañera de Guapas]. ¿No están divinas?"




Hay momentos en que la frescura con la que Isabel se desenvuelve deja percibir a una mujer que escapa de quienes puedan lastimarla, avasallarla. No se trata de fragilidad, sino de un cuidado de quien se le hace carne el dolor. "Hay tanta violencia, de todo tipo, salís a la calle y hay gritos, maltrato. La verdad es que para eso prefiero quedarme en mi casa que exponerme. Lo que no me gusta o lo que me puede hacer mal lo alejo. Ahora estoy poniendo en práctica un ejercicio espectacular: cuando estoy mirando la tele y van a hablar mal de alguien, cambio de canal. En otra época me enganchaba, decía qué horror o me detenía en distintas notas y me enojaba con las que hablaban de mí. Decía, qué mentirosos [hace la mímica de pasar una página tras otra], por qué dicen esto."

Y ahora, ¿leés lo que dicen de vos?

Me cuesta un montón entender cómo alguien puede decir algo de mí sin saber quién soy. Yo no lo sé hacer, no me interesa. Gasto mi tiempo en mí, en las cosas que me gustan. Busco disfrutar. Me pasa que mucha gente después de tratarme me dicen ay, pero sos un amor, no sos como dicen. Muchos se piensan que soy un monstruo. A mí me pagaron por hacer de mala [fue malísima en Floricienta y en Botineras], no voy por la vida trabajando gratis. Otra cosa: dicen que soy reseria como algo malo. Soy seria. Ves mi fotos de cuando tenía un año y estoy seria [pone cara], ves la del primer día de colegio y lo mismo. No es que sea aburrida, mala onda, antipática y ni tantas otras cosas que dicen por ahí. Me divierto con quien me quiero divertir. Me río mucho sola. Me gusta reírme.

Muchos son los rótulos y estereotipos con los que carga Isabel. Definiciones que alimentaron el imaginario popular y que la tienen como una mujer súper sexy, sin escrúpulos, avasalladora, comehombres. Imágenes que bien lejos están de lo que Macedo es. "No siento nada cuando dicen eso. Cualquier intento de dañar o perjudicar ya no lo tomo, no lo absorbo. Tuve que aprender a hacerlo, es un ejercicio. Todo el mundo encasilla, yo no lo hago. Sé quién soy, mi entorno que es rechiquito y me conoce, se caga de risa con lo que dicen. No me interesa lo que se ve, sino quién soy. Todo lo demás no me importa. Y esto que te digo es real."




Parecería querer escapar de este momento. Se tensa, se incomoda. Respira profundo, se abanica. "Para mí, esto [señala su cuerpo] es sólo un envase. Todos vivimos en envases, algunos pueden ser flacos, altos, gordos, bajos. Lo que importa es lo que emanás. Siempre fui flaquísima, toda mi vida lo fui. El cuerpo nunca fue un tema para mí. Nunca me detuve en eso. Crecí en una casa donde no se le daba importancia a si uno era lindo o no. Si me ponía de novia y le decía a mi mamá es relindo, ella le quitaba valor: «Lo que importa es que sea bueno, respetuoso, que te trate bien. Porque si ese chico, con esa cara divina, tiene viruela y se le marca, te va seguir gustando. Te tiene que gustar por lo que es», me decía. Y esta es la manera en la que pienso yo. Fui educada así. Quizá de una manera antigua, con valores que para muchos se perdieron. Estoy muy orgullosa de lo que me enseñaron."

Papá, en letras blancas, tiene escrito la lata de gaseosa. "Me tocó papá", se sensibiliza, y sirve la bebida en una copa que pronto llevará a su boca y le dará el tiempo necesario para retomar la charla y recordar aquella infancia en Jujuy, cargada de bombos, carnavalitos, de un mundo repleto de anécdotas, de adultos que compartían alegrías. Isabel quería ser grande. Quería tener lolas, porque para ella tener lolas significaba ser adulto. "Así que me ponía tomates y me sentaba en camisón a escuchar las historias de mi familia, las risas de lo que vivían. Me dejaba llevar."

¿Fue en aquellos tiempos que se encendió la llamita artística?

Sí, creo que sí. Me gustaba actuar para ellos, cantar, bailar. Era una fiesta. La mezcla entre ellos... Digo: mi papá, un jujeño hermoso, provinciano, simple; mi mamá, reporteña. Están en mí esas dos facetas. Estoy tan agradecida de haber nacido y crecido en un ambiente así.

De Jujuy te mudaste a Palermo y pasaste a estudiar a un colegio exclusivo de Belgrano [el St. Catherine's].

Me pasó muchas veces que no sabía cómo tenía que hablar. ¿Con r o sin r? Mi mamá nos educo para que pudiéramos comer en el mejor lugar del mundo o tener los pies manchados con barro. Siempre hizo que tuviéramos conciencia del otro. Hasta el día de hoy me propone hacer batitas o escarpines para algún hospital o maternidad. Siempre me hace mirar más allá. El otro día, en casa de unos amigos, hablé un montón de mi papá, y pensaba que se ocupó de darme todas las herramientas con las que me valgo y que me definen como persona, que hacen que sea lo que soy. Estoy muy agradecida.

¿Quién sos?

Soy una mujer a la que le encanta estar viva, con todo lo que eso implica. Fue un camino muy largo el que recorrí, pero estoy reorgullosa de lo que conseguí, porque todo lo que logré fue a base de esfuerzo, de trabajo, tal como me enseñaron. Valoro todo lo que tengo.

¿Sos creyente?

Creo en todo lo que me haga bien. Por eso elijo el mundo en el que quiero vivir y en ese mundo se dicen cosas lindas, lo que uno siente. Trato de ver todo lo bueno. No es que no se dice lo malo o no se ve, sino que prefiero llamarme a silencio porque soy extremadamente prudente, respetuosa. Me importa por sobre todo el bienestar, que no haya incomodidad. Me pone mal, y la verdad es que no quiero hacerme ningún regalito de este tipo, por eso respiro y elijo dónde y con quién estar.




Prefiere llamarse a silencio cuando la charla deriva en sus relaciones amorosas. No es un silencio brusco, sino de cuidado, de guardarse, de sentirlo íntimo. En Punta del Este, a comienzos de este año, se la pudo ver con el polista Martín Tassara Anchorena. "Estoy bien", asegura, y cambia de tema.

Lo que sí dice es que ella no está con alguien por el simple hecho de estar con alguien. "Me muero si hiciera una cosa así. Estoy con la gente que me encanta estar. Miles de veces estuve sola, y lo estuve porque prefería estar soltera, porque tenía la energía puesta en mi trabajo. Ya sea porque quería crecer o por la plata, porque hubo un momento en el que tuve que ocuparme de mi familia. No me importaba la parte sentimental, porque me tenía que ocupar de otras cosas, de mi familia. Fin del cuento. No me interesa lo que dicen, lo que piensan."

¿Estar sola no lo sentís como un peso?

No, porque tengo una vida interior muy rica. No me cuesta para nada. Me pasa que me llaman y me dicen cómo puede ser que estés metida en tu casa, hace dos días que no salís, sacate ya el pijama. Para mí, el pijama no es un símbolo de depresión. Cuando lo tengo puesto estoy rechocha. Mi casa es el lugar donde más segura me siento. Es mi lugar de tranquilidad. Estar en pijama no tiene una connotación negativa; hasta fui a ensayar y grabar con pijama [se ríe y deja escapar un simpático gruñido].

¿Qué es lo que más disfrutás hacer en tu casa?

Hago de todo. Me divierto, leo, escribo, veo películas, series, tejo. Ahora cocino. Me compré los libros de Jimena Monteverde y estoy fascinada, hago cosas ricas y fáciles. El otro día me hice helado de dulce de leche. Todavía no me animé a invitar a amigos, tengo que empezar a sorprender.

Siempre está acompañada por algún libro. Leer es un refugio y los pensamientos de Mandela, Gandhi y María Teresa de Calcuta atrajeron su atención en estos últimos meses. "Hace poco compré Tejiendo sueños, de Patti Smith", dice de esa suerte de memoria poética que reúne poderosas anécdotas cotidianas de la genial cantante y poetisa. "Espero conseguir Éramos unos niños, lo busqué sin suerte", dice, en referencia a la autobiografía de Smith que narra su vínculo con el fotógrafo Robert Mapplethorpe y su despertar artístico.

FILOSOFÍA DE VIDA

Es su celular el que da prueba de su adicción por las series. Es que la imagen de Heisenberg, el alias de Walter White, el personaje de Breaking Bad, decora su smartphone. ¿Más pruebas? Su perro se llama Bauer, en honor a Jack, el protagonista de 24.

"Obvio que es por Jack -confirma el porqué del nombre de su mascota-. Se quedó tuertito el pobre. Ahora lo tiene mi mamá para que no esté solito. Soy de mirar muchas series. Breaking Bad me partió la cabeza, todavía no vi Better Call Saul (el spin off de la primera), pero estoy como loca con Downton Abbey, es maravillosa. Los detalles, todo está cuidado al máximo. Las actuaciones son geniales, apuestan a las mínimas expresiones."

En Fronteras, en la piel de Sonia [la pediatra de Buenos Aires que acepta trabajar en un hospital de Misiones], te valés de pequeños detalles para decirlo todo.

Sabrina [Farji, productora y realizadora de la miniserie] es directora de cine y maneja los tiempos dramáticos, se apoya en lo que dicen las miradas, en tu forma de moverte. Ella te invita a ver lo que le está pasando al personaje sin la necesidad de ponerlo en palabras. Siento que crecí un montón y que Sabrina me empujó a ir más allá. Sonia es muy diferente de Laura [el personaje de Guapas], que lo expresaba todo con el cuerpo. Esta mujer es mucho más introspectiva y tiene que hacer frente a una realidad completamente diferente de la que estaba acostumbrada. Encaramos Fronteras con mucha responsabilidad, en escenarios naturales con un buen elenco [Julieta Ortega, Raúl Taibo, Fabián Mazzei, Juan Palomino]. Estoy muy comprometida con Sonia.

En los últimos años diste muestras de tu capacidad actoral y de tu compromiso a la hora de encarar personajes con historias difíciles.

No me perdonaría hacerlo de otra manera. Tanto Sonia, como Laura y Patricia/Jimena [de Graduados, que le valió el Martín Fierro] tenían algo más que contar. Cuando estoy grabando necesito sentir todo lo que está pasando. Necesito sentirme pediatra, padecer desórdenes alimentarios, ser una mujer que no puede tener hijos. Necesito enfrentar cada historia, hacerla mía. Y para eso investigo, me meto, hablo con gente que transitó por esas situaciones. Soy muy metódica para mi trabajo, me lo llevo a casa, me acompaña todo el tiempo. No siempre fui así, se fue dando con el tiempo. Hoy tengo la posibilidad de elegir los personajes que quiero hacer y se escucha mi voz, puedo decir lo que pienso, sugerir. Estoy feliz con lo que conseguí. La gente se acercó a agradecerme, a decirme que se sintió identificada, que le pasaron cosas. Con Laura fueron muchas las mujeres que me contaron sus historias, del dolor de no poder ser mamá, de transitar la inseminación artificial. Lo mismo pasó con Jimena y la cuestión de la obesidad, el bullying. Espero que Sonia despierte cierta conciencia social, que se pueda ver todo lo que se necesita en el resto del país. Sueño con eso.


Hablando de sueños, me dijeron que sos capaz de cambiarlos. Que si tenés uno feo, parás y le das un giro.

Siempre lo hago. Si no me gusta, lo freno. Doy stop. Digo qué es esta porquería, me despierto, pienso en algo diferente y me vuelvo a dormir. Lo hago todas las veces que sea necesario y lo voy tirando para el lado que quiero. Nunca tengo un sueño feo. Para mí es natural.

En eso toma el capillo de la máscara de pestaña y logra dar el efecto que define sus ojos. "Mi mamá se maquilla. Aprendí mirándola. Me encanta todo esto, pero yo no lo hago nunca, soy revaga. Me detengo en otras cosas."

¿Cómo cuáles?

En relajarme, mimarme, respirar. La chica que me hace acupuntura [lleva varias agujitas en la espalda] dice que es importante detenerse y respirar. Me aconsejó poner post it a modo de recordatorio en todos lados, en el auto, en el espejo, en la heladera. No importa lo que estés haciendo, ves el cartelito, parás y respirás. Es un buen consejo.

Esto de relajarte, mimarte y respirar parece ser una filosofía de vida.

Y lo es, a mí me sirve, me da tranquilidad. Hago mucho lo que quiero. La vida te va dando eso, te va dando mil opciones, mil caminos diferentes, y uno siempre puede elegir. A veces estás cómodo con lo que te pasa y te quedás en ese lugar, yo no soy muy cómoda en ese sentido, siempre trato de buscar algo que siento que podría hacerme sentir mejor. Obvio que me equivoco y que me di mil palos, Pero son esos los aprendizajes. Sufrí un montón, pero no soy de las que se aferran al dolor, todo lo contrario, saco lo positivo de eso. Soy muy consciente de que es la única vez que voy a estar en esta vida. Lo pienso todo el tiempo, y eso me reestimula, no desde el lugar de lo extremo, no voy a ir a tirarme de un parapente, eso no tiene que ver conmigo. Sí de hacer lo que me haga bien. De elegir con quién estar, de poder reír, de estar con amigos, con mi familia. Estoy conectada todo el tiempo con el deseo de lo que me hace bien. Lo otro, lo alejo.




1975
El 2 de Agosto de ese año nació
en Buenos Aires. Tiene tres
hermanos mayores del 
primer matrimonio de su papá

2004
Le llegó la popularidad de la mano de Floricienta. 
Allí dio vida a la malísima Delfina. También hizo de las suyas 
en Don Juan y su bella dama (2008) y Botineras (2009)

2012
Le llegó la consagración de la mano de Graduados, 
actuación que le valió el Martin Fierro como mejor actriz.
 El año pasado interpretó a Laura Luna 
en Guapas y se robo toda la atención.


 EL FUTURO
''Estoy tomando el tiempo de elegir. Tengo puestas las energías
 en lo que ocurra con Fronteras. Tengo varias propuestas, 
una de tele, también me llego un
 guión para hacer una película. 
Son cosas que me gustan. Tengo ganas de hacer cine''

- lanacion

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